miércoles, 26 de noviembre de 2014
Mancha
- Que tenga Ud. muy buen día Directora.
- Hasta luego madre, y no se preocupe por nada.
La Directora cerró la puerta y Margarita se fue con la mirada distraída. Llegó a su casa y le contó lo sucedido a su marido.
Al día siguiente…
- Arriba princesita… vamos que hay un sol hermoso. Ya está listo el desayuno.
- Mamá… no quiero ir a la escuela, por favor, no quiero.
- Hija, estará todo bien, ayer hablé con la señora Directora, no tengas miedo.
- No, no, no quiero – dijo la niña.
La madre le habló y le habló hasta que logró convencerla. Llegaron a la escuela y se despidieron. Margarita volvió a su casa un poco preocupada.
En el primer recreo la niña estaba en el bebedero y se acercaron tres compañeras riendo y mirando alrededor por si las maestras estaban cerca.
- Acá está la rubiecita que se cree una diosa… jiji… reina, qué lindo pelo tenés… - dijo una, mientras le tocaba el largo pelo dorado que caía sostenido por un gran moño color rojo.
- No me molesten, por favor.
- Ja-ja-ja…, tiene miedo… ¡Ups! Se me enganchó el dedo – dijo otra mientras se burlaba y tiraba el pelo de la niña.
De pronto apareció en el cielo una nube negra que se acercaba, sobre la escuela se armó un enorme remolino, los niños gritaban y corrían asustados a sus aulas. Las maestras trataban de mantener el orden y la calma.
Después de un rato la nube se alejó lentamente. Todos los alumnos se encontraban dentro de sus respectivas aulas. Un solo murmullo se sentía en todo el perímetro escolar.
Las molestas niñas comenzaron a sentir una horrible picazón en todo el cuerpo y no paraban de rascarse. A pesar del tiempo, nunca desaparecieron las aureolas negras en sus cuerpos.
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